Edición 4 de Septiembre 30, 2.006

miércoles, octubre 25, 2006

¿QUE DIRÍA DON QUIJOTE?

Por: César Darío Rodríguez Vigoya.
zardarovi@hotmail.com

Si el popular personaje de triste figura, hubiese nacido en un lugar de la cordillera de los Andes y específicamente en una de las manchas que como virulentas erupciones aparecen en la citada formación montañosa, en principio los fabulosos e instructivos libros de caballería serian cambiados por un sin número de publicaciones, sin contar con las pocas recomendables páginas de algunos medios informativos, que este venerable anciano encontraría en millares de centros de acopio literarios inmersos en esta singular mole de cemento. Tal vez no tendría una sola Dulcinea (pues aquí se encuentran a granel) y por supuesto no contaría con un escudero, sino con un gordito y simpático ‘parcero’.

Justificada de antemano la locura del caballero por el confuso teje maneje social del lugar de registro del hijo de Cervantes, la historia ya no seria una obra inmortal sino un guión común que a diario miles de actores del gran teatro capitalino, interpretan con antónimos matices. La alegría y el terror de ser y estar en un lugar donde las sobras y el caviar se sirven en la misma mesa, arremeterían constantemente contra el ya desgastado yelmo espiritual del siempre romántico y por demás utópico aventurero.

Con bucólico andar recorrería un pedazo de la mancha, de la que ahora era parte, y se sumergiría en un invernal asombro al ver como todo cuanto lo rodeó en su tiempo, se encuentra en éste, pero en cantidades alarmantes, en demasía. Los ojos tristes de quienes son atropellados por la mala suerte, los rostros sonrientes de quienes han contado con mejor fortuna, la desconcertante rabia de quienes se paran en las plazas públicas gritando que debemos cambiar el mundo y sin desaprovechar oportunidad alguna para hacérselo saber a cuanto pase, pero sin la mas mínima idea de lo que esto significa. ¿Qué es cambiar el mundo? ¿Tener dinero acaso? ¿Hacer más por el de al lado? ¿Tener un título en algo para refregárselo en la cara a alguien? ¿Tener hijos, esposo(a), familia?

Ávido de aventuras se dirigiría al corazón de la urbe, pero caería en cuenta que aquí el problema no es encontrarlas sino cual de ellas escoger y peor aun como salir bien librado de ellas. Confundido miraría a otros puntos cardinales, pero esta mancha es una fiel copia de otras, con más o con menos pero con la misma puja entre unos y otros.

No pensaría en pelear contra molinos, ni gigantes, ni dragones, pues en su tiempo esto tenía un sentido, un fin último. Ahora todo carece del más mínimo honor. Ahora la vida es aun más frágil que antes. En su tiempo se moría por amor, por locura, por la tierra, por la necedad de asumir al enemigo, por la necedad de vivir sin tener precio (no lo pudo decir mejor Silvio), en fin, el finado con seguridad tendría un porqué y un para qué. Simplemente se muere por el placer de morir y de matar, por proteger un intangible, una patria, (¿PATRIA?).

Finalmente, asumiría como suya la frase que en este tiempo está en boga en todos los colegios, universidades, compañías y demás lugares dónde se vive con la ilusión de hacer algo: “Estoy aquí para ser alguien en la vida”...pero ¿QUÉ CARAJOS QUIERE DECIR ESTO A TODAS ESTAS?

Entonces Don Quijote de la Mancha, con sentimental balbuceo recordaría una de sus más nobles frases: “la razón de la sin razón, que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de vuestra hermosura...”

¡Me cago en la leche y a mí que me decían loco!

Fotografía y Edición: Néstor Eduardo Camacho Castro
Cristhian David Torres Rodríguez.